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desahogandome

vigésimoprimer desahogo silencioso

vigésimoprimer desahogo silencioso

Echo de menos el silencio, lo añoro. Amo tanto la vida que no mataría ni una célula, siquiera mía.

Al fondo del largo pasillo que nace a los pies, ancho y recto y curvo y recto y curvo, ves a lo lejos sonriente mirada que te observa y reclama lujosa y posesiva. Tomas una puerta multicolor y roja, a tu izquierda, y huyes mirando atrás sin olvidar la presencia.

De no haber nadie en el camino viajarías sereno por un tiempo, entre nubes de silencio.

Mas lleno de hermosas personas que saben escapar de ella, el ruido ensordece. Añoro el silencio, ahora entre el gentío.

Lo usaré para amar entonces.

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vigésimo desahogo honesto

vigésimo desahogo honesto

Dime qué público tienes y te diré como eres. Dedicado al friky que los inventó y que se puso el primero, de pie, a la hora de golpear. De desgarrar vida ajenas.

 

Sigue el espectáculo de un calvo al viento sin gracia y grosero. La tormenta ya pasó, marchó. Siguen los vientos sacudiendo conciencias. Mas no más.. Sigue la tribu demandando carroña. Sigue el mundo de culo, girando cada vez más rápido. Quiero cambiarlo, o cambiarme. Asesinar tu tristeza. Sigue el mundo y no para; porque no se detiene como tú te detienes. A pensar. Y el mundo sin fin del mundo, sigue siguiendo.

 

Soñaré, gracias al sexo.

decimonoveno desahogo un delirio de muerto amor

decimonoveno desahogo un delirio de muerto amor

La boca indebidamente abierta, la frase pegada al paladar. Y mucha sed, sed debida.

Cuando cada atardecer asomo allá en lo alto y te busco ¿por qué te encuentro? Si he de seguir el camino más recto hacia a ti pronunciando palabras, si basta con contemplarte desde ahí arriba, siempre, aún oculto ¿por qué no puedo compartirte si te alcanzo? Cada día y cada noche, como ayer, que te muestras, te observo y te deseo. Ser de tu misma materia, poder fundirnos en un nuevo sustrato, crezcer desde ahí abajo juntos, como uno, para olvidar que la luna, aunque brilla, muerta está.

Así qué: quisiera ser del color más oscuro y disimularme entre tus sombras mientras giras. Mas no puedo con este disfraz de alegría, que sí me regalaron y me obliga: soy un payaso multiculor. Así que: quisiera vivir desnudo, despojarme de cuanto me adorna sin vida, y serás mi único destino.  Mas no puedo con todo el calor mío que apropias y que obliga: no puede arder mi piel. Así que: quisiera ser tú. Mas no puedo si no te vas.

Así quisiera: que mi vida naciera de tu vientre, con tu brillo y nuestras semejanzas, para amarte.

decimoctavo desahogo suplicando

decimoctavo desahogo suplicando

He de escribir un desahogo y combatir el sentimiento que me astilla el alma, como otros escribieron los versos más tristes esta noche… Porque pudieron. He de buscar la forma y manera de poner fin a tantas historias, de esas que surgen y dejan un hilo del que desear seguir tirando. He de pedir días más cortos y noches más largas donde encontrar un rostro desconocido y un cuerpo que me haga sudar a oscuras y que me deje exhausto. He de encontrar la compañía que me comprenda, y me sorprenda. Y que no intente cambiarme.

 

He de encontrar a quien no demande el amor desinteresado que ofrece, porque estoy tan vacío…

 

Y tan ocupado.

decimoséptimo deshaogo con un cuento

¿Qué es más importante: el amor o el dinero?

 

Bonita cuestión.

 

Conducía por una de las modernas autovías, relajado y sin prisas, seguramente con Calamaro de fondo, mientras ella, que creía haber realizado una pregunta retórica, oteaba por mi respuesta que no llegaba.

 

Guiaba el Clio y meditaba al respecto, algo dijo ella que no recuerdo. Por un momento me creyó enfadado, tal vez desencantado; la magia dura lo que dura. Y punto. Y lo que dura, se acaba.

 

Atónita, un minuto después, escuchó mi respuesta a la par que yo mismo: “sin duda alguna, el dinero“.

 

Se ríe; sonríe. No me cree. Seguramente, piensa, quiero provocarla. No duda: es más importante el amor y alguien tan reflexivo y tan humano no puede pensar lo contrario, no puede ser tan materialista.

 

Viéndola venir (y aquí cada cual que emplee su imaginación como plazca), reitero y argumento: “es más importante el dinero”. Y prosigo: porque lo dice Andrés, raudo-rock, con notas de blues: “no se puede vivir del amor” (mi, la, si, mi).

 

¡Y qué razón tiene!

 

Porque aquí, tal vez, en este primer mundo, para muchos (que no todos, siempre hay desvergonzados) sea más importante el amor; mientras que para el 70% de seres humanos lo es comer. Y el amor no se come.

 

Moraleja: nosotros que podemos ser humanos, seámoslo.

decimosexto desahogo utópico

decimosexto desahogo utópico

Le dijeron: “tómate tu tiempo hasta que nazcas y observa. Verás a través de esta ventana a todas las mujeres que habitarán la tierra cuando la habites tú”. Y así pudo contemplarlas durante una eternidad. Le habían dicho: “tranquilo, al nacer, recordarás a cada una de las elegidas y así sabrás distinguirlas de entre el resto, cuando seas humano”. Así que no se preocupó en decidir entonces y observó atento, entregándose a ellas.

Al otro lado de la ventana millones de almas de mujer contemplaban. Veían ojos. También podían saber qué buscaban porque a través de cada mirada veían colores, uno distinto en cada par.

Luis nació sin reconocer  a quien era su madre.

Cuando cumplió catorce años humanos recordó otra sabia enseñanza, le habían dicho: “al elegir la primera irás olvidándote del resto”.

Decidió pronto, fascinado por el envoltorio del que habían sido dotado las mujeres, huir de aquéllas que recordaba pues no quería probar sólo una.

Y así probó muchas, aquellas que gustaban de su color y que creyeron en algún momento poder hacerlo eternamente suyo, y que aún entusiasmadas con él contemplaron como perdía su brillo, poco a poco.

Hasta morir, solo.

Y he aquí que al final de este sueño, al volver a su origen, otros muchos de aquellos que habían elegido sabiamente le envidiaron; porque él ahora las recordaba a todas: las que hubo elegido y no tuvo y las que le eligieron a él.

No en vano sabían que durante su tiempo planetario había sido imposible conocer seres más bellos. Asesinaron entonces a los sabios y muchos cambiaron el color de sus pupilas.

decimoquinto desahogo de una real pesadilla

decimoquinto desahogo de una real pesadilla

Vivió una pesadilla, decía así:

Impecablemente enfundada en su uniforme cubierto de galones abrió la metálica puerta que alcanzaba la azotea. Se encaminó hacia la cornisa pero allí no había nadie. Sobre el terrazo gris, agitada por un susurro de aire, una nota luchaba por deshacerse del los clips que la apresaban a un cable eléctrico, justo en el lugar donde debía encontrarse el hombre. Antes de asomarse leyó: "me tiro por ella, para que vuelva a ser mía en otra vida". Durante un instante creyó ver un espejo. Pero no recordó. Sujeta a la repisa, venciendo el vértigo, miró hacia abajo: compañeros policías acordonaban la acera alrededor del hombre: carne, vísceras y sangre.      
 
Comenzó a dar órdenes, dejó unos agentes allí arriba y empezó a descender la estrecha escalera que reconocía, creyó, de alguna otra ocasión en la que el delito le habría guiado a aquel barrio de miméticas y obreras viviendas.

En el décimo piso, sobre el posamanos de la escalera, una anciana perdía la mirada en el agujero oscuro, allí abajo. Dos sanitarios a su lado, la acariciaban, esperando el efecto de los sedantes. Aquel rostro le resultó familiar. Tenía una gran memoria fotográfica.

Sin indicio delictivo en la escena, marchó dejando a cargo algunos subordinados. Desde el coche patrulla hizo unas llamadas. Minutos después se follaba a uno de sus amantes; uno de entre los elegidos tras un escrupuloso proceso de selección (del que había tomado parte sin saberlo).

Después llamó a su marido y juntos planificaron que mañana viajarían a eurodisney acompañando a sus dos hijos.

decimocuarto desahogo para vivir estando

decimocuarto desahogo para vivir estando

Baja húmeda la primavera, algo fresca; y si los poros de mi piel se cierran cada noche. Es por miedo.

 

Sin variar el rumbo, directa, la tormenta se encamina. Preveo nubarrones negros sobre mi cabeza recordando el intenso azul cielo, del cielo. Disparo el ingenio sin haberlo cargado. Me calo, hasta la médula de la agotadora rutina. Me hundo un instante, me ahogo de aire lleno a bocanadas, respirando. Entonces me escucho, allí lejos. Sé que soy, es el eco, del eco de mi ira, que tira con fiereza de las ligaduras que me atan. Es el genio que todos tenemos; nuestro genio, el ingenio mayor que no cabe en lámpara maravillosa, que me transporta sano al sudor de mis sábanas, mientras baja aún húmeda la primavera y los poros de mi piel vuelven a abrirse. Por valentía y rabia.

 

Entonces  algo (o alguien), ha pasado que me siento distinto, retozando entre el insomnio. Y más ligero, con pasos más firmes y rápidos; más seguros aunque a igual velocidad procese mi cerebro: soy más, nunca tanto. Creí sentir que mi piel rozaba mi piel al caminar a mi lado, justo cuando el sol asomaba aún sin calor por entre las rendijas de mi ventana que nunca se cierra.

 

Soñando aprendí, aunque soñara despierto, que jamás quiero vivir de la casualidad, que aunque la vida sea un sueño, Morfeo murió, sabedor de que la tormenta a todas las estaciones alcanza: consciente de vivir realidades mudas, entre risas o llantos, antes que disfrutar de una orgía sensorial que jamás existirá más allá del vago y lejano recuerdo; siendo escrupulosamente optimista.

 

Y es que tal vez Tomás, a quien llamarían los dormidos santo, tenía razón (y seguramente también insomnio).

 

decimotercer desahogo confieso olvido mi suerte

decimotercer desahogo confieso olvido mi suerte

Hoy toca confesar confesando que sigo en mis trece  diálogos con las plantas. Hecho que de por sí no significa más que he encontrado una natural manera de combatir el strees (sin una guitarra), así como posibles futuras crisis de ansiedad, conocedor de las respuestas que hemos sabido dar cuerpo y mente a episodios pasados y sufridos. Pero el corazón mío va por su cuenta sin asumir riesgos, sin asumir dolor, y para él no conozco medicina. Ni apuro un diagnóstico.

                  

Cuerpo, cerebro y corazón (alma). Sufren tanto y tan distintamente. Como un dolor el dolor se combate, simplemente encontré el analgésico perfecto, menos para el corazón, hasta hoy,  nada asegura que también mañana. Sin prescripción y sin abusos, siempre. Aunque no sane el dolor menos doloroso pero más desgarrador  porque no sepa qué he de arreglar: si un amor, un desamor o la triste ausencia de ambos.

                                                                    

Hoy confieso un olvido. Lo sé, existe porque una vez   alguien me lo presentó. Lo sé, dejó de ser un cuento el día que probé de él, tal vez recién nacido. Lo sé, lo tuve, lo tuve y, seguramente, lo gasté. Así que cuando creo, dudo; en el amor; cuando sé que no creo, dudo. Tanto como en las ocasiones que no sé si quiero ser amado o amante, ahora que no puedo abarcarlo todo y que sigo sin saber qué elegir...

... y sin que elijan por mí.

duodécimo desahogo cambiar cuando me escuce

duodécimo desahogo cambiar cuando me escuce

Tal vez la noche. Porque el mundo no funcionó de día. Abres los ojos, caminas, ves. Enciendes el televisor, te recuestas, ves; cuando asoma la realidad no evitas sentir el punzón del remordimiento corrompiendo la conciencia. Cambias de canal, sólo es posible fingir entre ficciones, normalmente ridículas e hiperbólicas.

 

Tal vez en la noche. Porque cada noche despiertas a un mundo nuevo, real e imposible, donde no gobiernan normas de la conciencia. Sigues buscando un algo nuevo, ya da igual que se llame mundo y sea de esta Tierra.

 

Seguro que a oscuras. Porque hay que tentar nuevas sensaciones y pervertir los sentidos. Porque con tanta luz hicimos tanto daño, invirtamos el negativo donde lo blanco es negro en viceversa.

 

Porque la bondad no despierta y duerme. Con la Luna, la generosidad, la humildad y el amor, buscaré y tal vez me encuentre. Porque Aquí entre el odio visceral de millones de razones, en este mundo que me escuece, no encajo.

undécimo desahogo por casi un sin vivir

undécimo desahogo por casi un sin vivir

Pensé: “Hoy quiero ser mejor persona que ayer… … pero menos que mañana”. Y me di cuenta de que hoy no podía ser perfecto.  Recordé sus hormonas gritando, como otras tantas veces que no venía el lobo. Y todo me lo planteo. Si acaso el ser humano, instintivo y animal, fue diseñado para la pareja.

 

Porque en pareja no basta con ser hoy mejor que ayer, siempre se puede exigir llegar cuanto antes al mañana hasta fundir el deseo, el más humano. Aunque entiendas con ello que estás extinguiendo la llama.

 

Continúa una tormenta que contemplo sigiloso, intentando en estos momentos de silencios propios y de desesperación, no pretender hacer un todo de este drama que sufre ella más que yo, sin duda. Viviendo atado, no se sufre tanto; aunque sientas muchas veces ser un compañero incomprendido ¿e incomprensible?

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décimo desahogo por la injusticia

décimo desahogo por la injusticia

Irrita el hambre. Sobre todo la propia, mientras dinero llama a dinero. Y hay dinero, mucho dinero, privado dinero. Miles de personas mueren, de hambre, cada día. Pero hay más dinero con el que permitirlo.

 

Llega la crisis, otros comemos y comeremos menos, pero comeremos. Dinero seguirá llamando a dinero mientras los del dinero piden controlar los salarios, ajenos. Mientras su dinero llama a dinero.

 

Conducía y escuchaba, no he podido reprimirme. Llegué, trabajé y pensé antes de escribir ¿y si dinero no llama a dinero? ¡Qué esté prohibido!

 

Y con el dinero que no escuche al dinero intentemos conseguir mayor igualdad económico-social. No nos engañemos, en este mundo globalizado, la igualdad la da el dinero. Ese que tan a gusto crece llamándose a sí mismo.

noveno desahogo por un cabreo

noveno desahogo por un cabreo

No conozco la ira salvo que asemeje al cabreo. He tenido un mal rollo. Otro más no queriendo tenerlo, cuando nunca todos sabemos escuchar, ni callar. Una batalla de sexos pienso, las más veces; dos personas al fin y al cabo, las que quedan. Y siempre es distinto con ellos que con ellas, cabrearse digo.

Con ellas, o con ella, a las que tanto venero y adoro siendo como son lo mejor de lo mejor, cuando lo son, siempre alcanza el enfado el límite de la ira. Hasta ahí me llevan sus superiores ganas de pelea y entonces calló. Y con o sin razón respiro, me giro (nunca 360º como algunos) y desnudo abandono. Dejando que agua vuelva a su cauce. Siempre es así, siendo escaso el siempre. Queda que ella se dé cuenta y deje de romper el silencio, ese que algunas veces se echa tanto de menos. 

P.S.: Con ellos no sé encontrar mi ira y así puedo enzarzarme en discusiones horas si hace falta.

octavo desahogo para ser feliz

octavo desahogo para ser feliz

El origen, descansando. En blanca madera, verde césped, paralelo al firmamento, meditando. Concluí demasiado pronto con un sencillo juego de palabras: ¿por qué “por qué”? Y así dejé de pensar en ello, creyendo solucionado El conflicto negándolo. Viví tranquilo. 

Mucho antes, después de ser bautizado, haberme confesado ni sé las veces y recibido la primera comunión, me cuestioné la necesidad de Dios, o dios, y así hasta la existencia de la fe. Concluí, pronto, que sin creer era todo más sencillo. ¿Para qué, si coarta al ser humano?  

Corolario:

El más común de los sentidos inspira nuestra ética, no un cura: Ni un dios. Un buen ejemplo adulto porque siempre enseñan los adultos. No sé es plenamente humano supeditando nuestra existencia en algo (que suele ser alguien) que ni vemos, ni olemos, ni gustamos, ni palpamos ni escuchamos. 

¿Por qué? 

¿Para qué?

séptimo desahogo después de cada regreso

séptimo desahogo después de cada regreso

De regreso camino despacio. Me entretengo con las calles semivacías, contemplando. Viendo como pasan también otras almas a mi lado; pese a la amplitud de la noche temprana, el frío es sólo fresco. Voy pensando en ello: ¡qué temperatura más agradable”. Casi me descamiso. A todo esto, sigo caminando, de regreso. 

En el sofá sin cena, acariciando, perdón: usando sus pies como esas bolas que se aprietan y aprietan para liberar algún stress, quise decir, converso con las plantas sujetando la inquietud de mi mente que se encuentra, tal vez en otro lugar, no con personas distintas.  Antes de dormir normalmente nos follamos.

Más tarde me pregunto entre el rumor de las plantas y el olor a sexo ¿a dónde he regresado?

sexto desahogo al compararme

sexto desahogo al compararme

Ansío palabras ajenas con las que no tener que dibujar las mías. Añoro el complemento debido del contraste entre guapos y feos. Y no es porque exista el sol que exista la luna, que quizás; pero si soy alto, muy alto, es porque eres, o estás, muy bajo. Por comparación. Por comparación somos quienes somos y por ello me alegro de no estar solo, por más que siendo solos se pueda ser dios al que nadie replique. Un dios al fin y al cabo, aunque solo. Encuentro así algo de bueno en lo malo y algo de mal en la bondad igual que sé que no existe el ser mil por cien bondad, salvo que la cualidad sea ajena. Porque es fácil ser alguien con el ser de otro, sólo observando, catalogando y dibujando un perfil nuevo y bondadoso. Con lo mejor de los mejores, y ni aún así. Existes tú y me das sentido, como a estas líneas con destino. Así sin ti, en la vida, no soy nadie, por no tener con quién compararme. Gracias entonces por existir.

Quinto desahogo porque alguien me ama

Quinto desahogo porque alguien me ama

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos, leí con martini y con limón (de esos que ya no pruebo), hace muchos, muchos años. Igual que recordé el poema plagiando algún verso no hace mucho. Entonces el cielo estaba despejado y oscuro, es decir, estrellado e inmenso. Hoy, a parte de parecer invierno siendo primavera después de que en invierno pareciera primavera, digo, hasta insisto, siguiendo el hilo, que todo en mí ha sido  un naufragio.

Hasta este segundo, al menos. 

Naufrago como cantante desesperado, no siempre siendo quien soy. Naufrago cada vez que no lloro debiéndolo. Naufrago cada vez que te miro, te veo, te observo y te contemplo en silencio. Naufrago frente a una línea en blanco. Naufrago por paciencia debiendo ser más impaciente, aún. Naufrago entrando al trapo del egoísmo y la avaricia que aderezan el cuerpo jodiendo el alma mía. Naufrago cada vez que miro el mundo en el que vivo sin sentirme culpable por nada. Naufrago cuando escribo palabras de amor sin destino. Naufrago agasajando palabras ajenas a usos indebidos. Naufrago de impotencia, lastrado. Naufrago eligiendo. Naufrago con cada minuto desaprovechado de los pocos que dura una vida. 

Soy un náufrago, como se ve, de los abrazos, las caricias y la ternura que regalo y que recibo sin quererlo. Soy un náufrago por no amar como debiera, con lo amado que estoy siendo. 

...corriendo el grave riesgo del poeta de acabar abandonado.

Cuarto desahogo sobre verdades de verdad, no siempre.

Cuarto desahogo sobre verdades de verdad, no siempre.

El valor de la verdad es la verdad en sí misma; la realidad como la irrealidad devuelta por un espejo, sin el añadido valor de lo cierto, no es sino un hecho más cualquiera, inconsciente o intrascendente. La cuantificación de esa verdad fluctúa de forma directamente proporcional al valor que otorgamos a quien la manifiesta. Un mentecato mentiroso no dice verdades, nunca. No significa ello que mienta, siempre. 

Existe la verdad, la sincera y la engañada. También la escondida que aunque no se vea, cuando se encuentra, es verdad normalmente siempre. Pero estamos de acuerdo en que la verdad existe. Tu verdad y mi verdad, sin tener que ser la misma, existen, ambas siendo sólo una verdad posible. Es por tanto tu mentira entonces, parte de mi verdad. Y de mi mentira. 

O viceversa. No son sólo palabras, de verdad. 

Existe, la verdad, quedamos en que existe. Sí. La verdad que sólo puede quedar una; y que no mienta. Con la verdad que siempre ha existido me pregunto, sabedor de que la mentira es siempre más rápida, si se alcanza algún destino caminando con el lastre de la verdad más verdadera Y la verdad, como la felicidad, voto a bríos, sí que existen. Como el hombre. Dios en cambio es, lo más, verdad imaginada aún no hallada.

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Tercer desahogo no ser quien debo ser.

Tercer desahogo no ser quien debo ser.

Lunes antídoto contra la resaca, frío en la cara, calor en el pelo cobijado bajo la lana debida, camino tieso al sacrificio del que vivo. Me recibe el jefe, ufano: palabras de atención desconocida. Al fragor del santo de día entramos en calor, del frío indebido. Amigo en territorio enemigo, me siento. Pero laboro y cobro.

 

Porque el cisco que montamos para ganarnos algo de pan, los pobres y afortunados, ata las conciencias. Somos quien no somos cuando no estamos, laborando. Al menos servidor, que sirve para algo y para alguien. Porque se puede aborrecer el sistema y aborreciéndolo reafirmarlo, porque se puede no querer vivir en este mundo viviendo en él sin remedio, porque se puede tener nómina pagar impuestos y no votar, porque no se debe trabajar con el espíritu, virtud de la igualdad, a cuestas: hay que dejarse los principios en casa, este lunes frío de la primavera temprana. Y trabajar y ser “another brick in the wall”: quien no creíste llegar a ser. Y fuiste. Y soy.

 

¡Cambiaría tantas cosas de este mundo que no cambio, porque es imposible! Bendita palabra para cobijarse: imposible. Que no se me exija entonces más que a superlópez por más que mi niña me crea, ella sin dudas, superman. Y ella mi supergirl pero no lo sabe, ni conoce si quiera el mundo que permanentemente inventamos, inventan otros quise decir: porque sabrá de aquello que no cambio su padre y por qué preguntará por mí entonces; sometido al castigo fraternal del siglo XXI por el cual yo hombre vivo sin ella, como el poeta, sin vivir en mí.

 

¿Quién quiere así, trabajar un lunes?

Segundo desahogo buscando un porqué

Segundo desahogo buscando un porqué

Sigamos. Sigo. Me escucho. Atentamente me busco.

Pienso en el amor, en qué necesitad teníamos de que existiera más allá del fraternal, el paternal y el posesivo maternal; el de ellas y su sentimiento de posesión del nacido que confunden hasta cuando son abuelas. En la complicación de la convivencia incluso en la distancia. Todos amamos, somos capaces de dar lo comúnmente entendido por amor siempre que escondamos nuestro profundo e innato egoísmo. Cabría discutir si éste, insisto por supervivencia, lo necesitamos; si basta con procrear, si no se necesita para procrear. Si se puede amar sin deseo sexual. Si una cosa es querer y otra amar.

Existe, hablamos de él, luego existe. Y no piensa como el Cogito ergo sum. Descartado entonces Descartes para explicarlo. Tampoco está en el aire, dicen que en lo más profundo de los corazones profundos, jamás al ras, en superficie donde se estropea, se manosea, se desgasta hasta desaparecer para siempre.

El mío, salvo el paterno y el fraternal, entonces en lo profundo de un corazón ya desgastado y estrecho, casi a ras. Lo tuve, en noches como está, entre mis brazos, por qué. Hoy que no dudo de haberlo tenido dudo de tenerlo conmigo. Porque hoy me castiga y me coarta pensaba, hasta que descubrí que lo perdí hace mucho tiempo y que sin ganas jamás volveré a conocerlo, que vivo creyendo vivir en él, o con él y que nunca he de saber que éste me ha abandonado; porque así me obligo creyendo ser feliz por decreto.

Divago el amor. No por amor que ya no siento, igual.

Pero sé que existe porque lo vi porque me lo mostraron entre rimas primero, con imágenes después, porque lo creí vida y con él viví; hasta agotarme como ahora, a mis treinta y ocho, descansando del sufrir no queriendo sufrir de nuevo.

O sí, aunque lo que hoy queda de él lo tenga, todo, vendido y malgastado.

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